¿El título Blanco y Negro tiene alguna referencia a Rojo y Negro de Stendhal?
Es inevitable que la tenga. Sin embargo, todo está narrado desde la perspectiva de Ulises García.
Habiendo pasado más de siete años de su publicación, ¿cuál es la impresión que tiene ahora de Blanco y Negro?
Siempre es muy difícil mirar con objetividad la propia obra, ya que uno se encariña de un modo u otro con todos sus libros. Blanco y Negro tiene, además, por las circunstancias que he contado sobre su concepción, un lugar especial. Dicho esto, creo que su vigencia continúa, como nos muestra el informe de la Comisión de la Verdad y [la] Reconciliación. Me divierte aún en términos de estructura y estilo, pero es obviamente irrepetible.
Luego de Blanco y Negro empieza a producir de manera continua: aparecen Las Musas y los Muertos en 1997, La Crueldad del Ajedrez en 1999 y Crónicas del Argonauta Ciego en 2002. En sus cuentos es posible encontrar muchos elementos lúdicos que sugieren una interacción con el lector a través del juego. ¿Es así?
Sí lo es. Después de todo, la literatura es un juego de palabras. Es el juego que más me place, y por ello intento darle un tratamiento especial. No encuentro problemas en que un escritor tenga, por ejemplo, un argumento ideológico en sus escritos, pero creo que es recomendable jugar con las palabras. Otra razón por la que me gusta el juego en la literatura la constituye sus reglas intrínsecas: en vista de que soy muy flojo para escribir, tengo que obligarme a hacerlo de una u otra manera, valiéndome, entonces, de ardides y pequeños retos. Por ejemplo, en Las Musas y los Muertos tres de los textos tenían un argumento y una búsqueda similar; decidí entonces escribir el resto en base a las ideas esenciales de esos tres relatos. Creo que valiéndome de estos artificios logro sentirme más tranquilo frente a la página en blanco.
Otra característica de su obra es lo universal del tiempo y el espacio, en la que no es fácil encontrarlos definidos. ¿Siempre busca universalizar estos elementos o es algo que surge de manera desapercibida?
Recuerdo que cuando Julio Ramón Ribeyro presentó Morgana en París se sorprendía de que un escritor provinciano como yo tuviese referencias griegas en su obra. Es probable que el origen de esta característica se encuentre en mi formación; debe tenerse en cuenta que, como dije, fui un gran lector de los clásicos, y que, sin duda, esas lecturas influyeron muchísimo en mi obra. De ahí que mi literatura pueda parecer despojada de referencias locales o nacionales. Sin embargo, creo que la referencia al Perú es muy clara en Blanco y Negro, aunque no existan referencias espaciales o temporales explícitas.
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