¿Cómo se expresa esto en las conductas?

Cuando viví en la Amazonía, por ejemplo, venían con frecuencia a la parroquia grupos de muchachos que ayudaban a mantener las áreas verdes en torno de nuestra casa, limpiando la maleza. Estos chicos habían recibido una mayor o menor instrucción escolar, dependiendo de la cercanía y contacto con la sociedad peruana de su comunidad. Durante la limpieza de los terrenos, algunas de las palmeras que había plantado, importantes en la tradición oral y pequeñas aún a pesar de llevar muchos años creciendo, eran cortadas con machete por aquellos que tenían mayor formación escolar. No las sabían reconocer o no las consideraban valiosas. Por el contrario, los que tenían una menor formación escolar, llegaban hasta la palmera, limpiaban alrededor suyo y continuaban trabajando. Mostraban así un mayor conocimiento etnobotánico tradicional.

¿Eso demostraría, entonces, que la llegada de la modernidad a estas sociedades tradicionales ha determinado que buena parte del conocimiento se pierda?

La llegada de la sociedad moderna es inevitable, el verdadero problema es cómo lo hace. Estamos hablando del Perú, un país de gran diversidad cultural e impresionante biodiversidad, y sería una lástima —en verdad, una tragedia nacional— que ambas se perdiesen. Debemos considerar que pueblos como el aguaruna o el huambisa, pertenecientes a la gran familia etnolinguística jibaroana, han logrado sobrevivir por lo menos mil años en una zona de selva inhóspita y de frágil equilibrio ecológico. ¿Cómo hacen, entonces, para seguir viviendo en una zona muy difícil de habitar, llena de enfermedades y de poco contacto? Pueden hacerlo porque tienen grandes conocimientos sobre su entorno y sobre ellos mismos, lo que les permite superar este monumental desafío.

¿Cuáles podrían ser las consecuencias de esa pérdida?

Si estos habitantes pierden su identidad cultural y su bagaje de conocimientos, sin haber adquirido a cambio una alternativa viable, serán incapaces de seguir viviendo en ese lugar. Aún más, la pérdida del conocimiento tradicional los convertirá en los primeros depredadores, que es lo que está sucediendo ahora. Para evitarlo, la manera de relacionarse con el medio ambiente deberá incorporar la mayor cantidad posible de elementos del discurso tradicional, fusionándose con el occidental en lo que hoy llamamos «ecológico».

¿Es este, además, un problema de economía de escala?

En efecto. Hasta hace unas décadas, el conocimiento tradicional era un discurso que resolvía las necesidades de concentraciones humanas de no más de sesenta u ochenta individuos. En cambio, hoy día existen comunidades nativas de mil o dos mil personas. Esto genera enormes problemas de salud, higiene y alimentación: deben abrir más chacras, cazar y pescar más para poder alimentarse. La presión ejercida sobre el ambiente es mucho mayor. Si ellos no renuevan su propio discurso, serán los primeros depredadores de la zona, como ya he dicho. Frente a esto, es un signo alentador la creación de los jardines botánicos comunitarios en algunas comunidades nativas, expresión del desarrollo de una conciencia ecológica.

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