¿Es difícil llegar a tener una voz propia, un tono? ¿Cómo se llega a tenerlo?

El hombre propone y Dios dispone. Picasso decía que había dos maneras, que la búsqueda y el encuentro iban por caminos distintos. Tú buscabas por aquí y encontrabas por allá. Ese es el tono, de repente cae. ¿El tono lo encuentra a uno o uno encuentra al tono? ¿Cómo es? El tono te encuentra a ti y en esos momentos te das cuenta de cómo elegir toda una serie de poemas. El tono no sirve para toda una eternidad, sirve para un libro o dos. Hay gente que se queda con el mismo tono toda la vida; Carlos Germán Belli, por ejemplo, tiene el mismo tono desde hace cuarenta años.

¿De qué manera influyeron los viajes que hizo en su obra? ¿Es requisito cambiar de aire, autoexiliarse de alguna forma, para tener otra perspectiva de lectura?

Sí, claro que sí, es fundamental. Los franceses dicen que los viajes forman a la juventud. Yo creo que sí, y también a la «vejentud», porque no descarto volverme a ir al extranjero. Aquí se vive una atmósfera asfixiante y opresiva por el copamiento de la basura en los medios: la prensa chicha, la televisión chicha, la basura que llena nuestro ambiente cultural.
Hay una falta total de estímulo y esto incita a muchas personas a irse al extranjero. Por una razón muy parecida yo me fui del Perú, y tal vez me vuelva a ir, esta vez con mis hijos. No quiero privarlos de la oportunidad de que vivan en un ambiente más rico, como en el que yo he vivido, y no en esta basura que no tiene perspectiva ni salida.

¿Es la Gatronomía una mera exaltación de los sentidos o hay algún conocimiento mayor que el del gustos?

El gusto no es poca cosa. Es una cosa maravillosa la aprehensión del mundo por el paladar. Así como aprehendes el mundo a través de la vista, esto es hacerlo por el paladar; no es menos que eso.
Puedes, por ejemplo, saber de qué tierra viene lo que estás comiendo o bebiendo. Los catadores te pueden decir de qué cosecha es esto, en donde se cultivó, bajo qué sol. Esto es prodigioso: identificar al terruño a través del sabor. Y esta es una extensión, una utilización plena de un sentido del que no estamos muy enterados. Eso me parece extraordinario; vivir con los cinco sentidos plenos, y no vivir con uno, arrinconado.
No sé cómo harán los chilenos o los colombianos, que no tienen gastronomía y comen bazofias, para vivir. Nosotros tenemos la suerte de tener una gran cocina, y hemos desarrollado plenamente ese sentido.

¿El peruano vive con sus cinco sentidos?

Por lo menos utiliza bien el sentido del paladar. Tiene un paladar desarrollado, no como otra gente que come cualquier cosa. Por ejemplo, en Nueva York una amiga me invitó a un restaurante de Brooklyn de comida francesa, muy prestigioso, donde pedí un carpaccio, y me lo cortaron del ancho de un bisté. Entonces llamé al maitre y le dije que lo que me había servido no estaba cortado como un carpaccio, y no lo sabía. Del maitre tuve que llamar al cocinero, e hice tremendo lío por el carpaccio y por otro plato, no recuerdo cuál, que era otra tremenda basura.
Lo que más me sorprendió era que los gringos se lo comían sin chistar, una cosa que cualquier peruano hubiera devuelto como hice yo, con buen sentido. Además, los mozos tiraban el plato con una insolencia tan increíble que tuve que cuadrarlos a todos. Hice un mini escándalo ante los ojos consternados de mi amiga, que no entendía y me decía: «Yo comía normalmente esto en mi país». Me sorprendía que no tengan paladar, cuando todos los peruanos lo tienen.

Hablemos de su función de traductor. De alguna manera una traducción nunca es fiel con el original, pues siempre hay el elemento creativo en ella. Cuando un poeta traduce a otro poeta, ¿esa obra traducida es en parte suya también?

No. Uno se pone al servicio de otro poeta, no se puede enmendar la plana a un poeta, especialmente si es grande. Debo decir, de paso, que yo no traduzco a ningún cojudo; he traducido a Elliot, por ejemplo. No le puedo enmendar la plana a Elliot, me pongo a su servicio, haciendo lo posible por traducir el espíritu de sus versos y no arrogarme la condición de corrector suyo.

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