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Cuando
se habla de su obra literaria se admira la gran diversidad en
cuanto a género: poesía, cuento, novela y teatro.
¿Cree usted que hay un hilo conductor que la una?
Sí, claro que hay hilos conductores.
Uno es la extensión de la palabra, justamente el título
de una recopilación que estoy sacando con la editorial
Aldus, de México, que publica coincidentemente poesía,
cuento, novela, teatro. Lo que une mi obra es la extensión
de la palabra. ¿Qué se puede hacer con la palabra?…
ese juguete fabuloso.
Por ejemplo, cambié el final a la novela Fata Morgana,
pues el que tiene nunca fue su verdadero final. Termina ahora
realmente donde debió terminar: respondiendo a la pregunta
que le hacen al protagonista en el principio. Creo que este final
de la novela es mejor porque, además de lo anterior, explica
por qué un poeta se mete a escribir prosa: descubre la
extensión de la palabra a través de la prosa. Este
es mi interés.
Hay un aspecto poco atendido en su poesía: el
de la magia. ¿Qué tan importante es en ella lo secreto,
lo arcano, lo mágico?
Es muy importante en mi poesía, no tanto en mi poética
o en mi vida en general. Hace muchos años que trabajo con
lo arcano de la mano de la Astrología (que es la gran ciencia
de lo arcano, pues todo comienza ahí, todo se apoya en
ella), en la que he llegado muy lejos: he escrito un segundo libro
de Astrología, creado a través de la lectura astrológica,
como consecuencia de una empresa que yo tuve llamada Astrocentro,
que todavía funciona, y que es la aplicación de
la electrónica a la Astrología.
Esto me ha llevado a formular toda una teoría de lo arcano,
negociada en estos momentos en España, que se llama «Los
gigantes de la edad oscura», y que es lo más arcano
de lo arcano.
El arte es una búsqueda de un saber fuera del
conocimiento de la ciencia formal. ¿Es la Astrología
una forma de arte? ¿Se puede acceder a lo bello mediante
ella?
Yo diría que es más científica que artística,
más cercana a la ciencia física, a las ciencias
naturales. Así como hay variedades en las especies vegetales
y animales, hay también variedades humanas, pero lo que
cambia no es el físico sino el alma. El signo es la forma
del alma de la persona, entonces esto pertenecería más
a una descripción del comportamiento de las almas humanas,
más cercano por tanto a la ciencia que al arte.
¿Y a la filosofía?
Y a la filosofía, sin duda
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