Entrega de Fernando Iwasaki Cauti |
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LAS
«TRADICIONES» Y LA TRADICIÓN Me propongo
compartir algunas reflexiones sobre el tema «El perfil de
la tradición de Palma y la tesis de Estuardo Núñez
sobre la evolución del género», aunque deseo
dejar constancia de mi doble condición de ponente invitado
y autor incluido en el volumen Los Tradicionistas Peruanos.
Y, como mi presencia en dicha obra supone mi complicidad y mi
simpatía con el propósito del libro, quiero abundar
en las razones que me llevaron a aceptar ser un «tradicionista
peruano»:
- Porque me pareció un privilegio ser convidado
por don Estuardo Núñez.
- Porque la compañía literaria era
estupenda.
- Y porque sabía que el libro sería
una golosina editorial.
Ahora
bien, una cosa son las Tradiciones de Palma y otra muy
distinta la tradición literaria peruana que, de acuerdo
con algunos críticos, empieza con Vallejo y, según
otros, con González Prada. Por lo tanto, quizás
el problema no esté en las Tradiciones Peruanas
sino en el propio concepto de la tradición literaria peruana.
Veamos el caso del indigenismo.
Hay una cierta unanimidad en considerar
indigenistas a narradores como Ciro Alegría, César
Atahualpa Rodríguez y Óscar Colchado Lucio, aunque
no hallemos otra coincidencia entre sus obras que haber sido ambientadas
en los Andes. ¿Basta con ese factor para que una novela
sea reconocida como indigenista? De ninguna manera, pues nadie
aceptaría jamás que Lituma en los Andes
(1993) fuera una novela indigenista. Sospecho entonces que los
factores literarios que sirven para admitir a una obra como indigenista
dentro de nuestra tradición, son menos importantes que
los políticos, sociológicos, lingüísticos
e, incluso, ideológicos.
A Palma se le reconocen sus aportes
a la historia de la literatura peruana, pero se le niega cualquier
contribución a la literatura peruana. Palma está
fuera del canon porque convoca lo colonial, el costumbrismo, la
cucufatería y otros anatemas políticamente incorrectos.
No obstante, las Tradiciones
sí representan una innovación literaria en la prosa
española y universal; pues mientras Ricardo Palma escribía
sus tradiciones, Edgar Allan Poe publicaba sus tales,
Baudelaire miniaba sus petits poèmes en prose
y Gustavo Adolfo Bécquer triunfaba con sus leyendas.
Es decir, nacía el relato breve tal cual lo conocemos en
nuestros días. Desde la Literatura Comparada, la importancia
de Ricardo Palma es capital, ya que sus Tradiciones Peruanas
fueron traducidas a numerosas lenguas modernas e influyeron decisivamente
en la consolidación del cuento como género narrativo.
En tanto escritor me seduce la posibilidad
de ficcionalizar la historia, y declaro solemnemente que no pienso
en Palma cuando lo hago. Pero en la historia de la literatura
peruana tenemos el antecedente de las Tradiciones Peruanas
y, así, quienes perpetramos ficciones con fuentes virreinales
sabemos que nos pueden llamar «palmistas», «tradicionistas»,
«costumbristas», e incluso «coloniales».
Y como no me siento ofendido, ni agraviado, ni zaherido, acepto
encantado mi deuda con Ricardo Palma, como la aceptaron Unamuno,
Darío, Valle-Inclán, Alfonso Reyes, Mújica
Lainez, Álvaro Cunqueiro, Jorge Luis Borges y tantos otros
autores que admiro y releo.
Sevilla, primavera de 2003
Fernando Iwasaki
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