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Nos parece de sumo interés la detenida
descripción de la forma como se extiende en el Perú
el uso de la tradición a la manera de Palma, a la par que
crece el prestigio del tradicionista. Igualmente creemos acertadas,
en general, las conclusiones que se van presentando. Sin embargo,
tenemos una reserva mayor que tiene que ver sólo con una
de las tesis centrales de Estuardo Núñez, aquella
que sostiene que la tradición palmista se mantiene vigente
en nuestros días aunque con algunas transformaciones. Según
el profesor Núñez, esta inusitada supervivencia
de la tradición se demuestra con textos de autores contemporáneos
como Marcos Yauri Montero, Luis Enrique Tord, Fernando de Trazegnies,
Cromwell Jara, Luis Nieto Degregori y Fernando Iwasaki Cauti,
a los que, considerándolos tradiciones en versión
de fines del siglo XX, incluye en la sección antológica
de su libro.
Con todo el respeto que merecen la
figura y la obra de don Estuardo Núñez, patriarca
de la crítica peruana, no puedo dejar de expresar mi escepticismo
ante tal afirmación y mis dudas acerca de la calidad de
tradición que se asigna a los textos de los autores indicados.
Y fundamento mi posición, en parte, en las opiniones del
propio Estuardo Núñez.
En efecto, en el «Estudio preliminar»,
se lee que «en las primeras décadas del siglo XX
la fórmula original de la tradición está
todavía vigente […aunque] era previsible que la tradición
no subsistiría en este régimen reiterativo»
(p. XXXVI); y, más adelante, se explica que posteriormente:
«La tradición, que se dio como la máxima expresión
de aprendizaje narrativo en un momento dado de esplendor y que
constituyó el género representativo de una época
[…] parecía condenada a desaparecer debido al debilitamiento
de sus elementos originales y al transcurso de casi un siglo de
vigencia. ¿En qué direcciones podría desembocar
a fin de renovarse y permanecer vigente?” (p. XXXVIII).
Ante esta interrogación, que desde el punto de vista del
autor resulta fundamental, vale la pena en primer término
preguntarse si había alguna necesidad verdadera de que
la tradición se renovase y permaneciese vigente. Para nosotros,
lo que tenía que ocurrir y sucedió es que, cumplido
su ciclo histórico, como el propio Núñez
lo dice con otras palabras, tocaba simplemente que la tradición
palmista se extinguiese o cayera paulatinamente en desuso como
tantas otras formas literarias a lo largo de la historia.
Dicho esto, pasamos a examinar la respuesta
del autor a la interrogación que él mismo ha planteado.
Dice el estudio: «La respuesta, recogida en los textos seleccionados
para esta obra [muestra que] la tradición reaparecerá
entrelazada con el cuento o la novela corta de nueva factura
de la mano de autores de renombre que le imprimen un gran impulso
renovador» (subrayado mío, JCP).
Creo que aquí está el
núcleo de la cuestión: los textos escogidos no son,
a mi criterio, tradiciones «entrelazadas» con cuentos.
Sostengo con firmeza que son simplemente cuentos, buenos y hasta
excelentes cuentos, de tema histórico (salvo el de Yauri
Montero, que podría catalogarse como leyenda). Pero de
ninguna manera pueden denominarse tradiciones palmistas, en mi
opinión, salvo que, ampliando desmesuradamente la extensión
del concepto, se sostenga que tradición palmista es todo
relato o prosa narrativa corta que aproveche en su génesis
o desarrollo datos históricos, lo que parece inaceptable.
Fundamento mi posición en lo
siguiente: la tradición palmista, que es de la que estamos
hablando, utiliza siempre elementos históricos que se introducen
en el discurso
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